Incapacidad permanente absoluta. El desalojo

Lo primero que hice cuando me llegó a casa la resolución de mi incapacidad permanente absoluta fue llorar desconsoladamente. Era algo que yo no deseaba, que me negaba a admitir, de hecho intenté demorar la calificación durante seis meses, pero al existir la posibilidad de solicitar una reincorporación a mi plaza durante dos años según me informaron en la Universidad, y tras hablar con mi MAP y mi coach, decidí que lo mejor era aceptar la situación. Tomé la mejor decisión, mi Neuri, como yo le llamo de manera cariñosa al neuroestimulador, de momento, no me ha servido para ganar calidad de vida, ni quitarme dolor, por lo que sé que me va a ser imposible realizar ningún trabajo a medio plazo, ya que el día a día me cuesta, sí, el mero hecho de vivir.

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Lo segundo que hice al recibir la resolución fue enviarle un correo al director de mi departamento pidiéndole que me diera un tiempo para desalojar mi despacho, que en ese momento no podía hacerlo. Aunque lo correcto hubiera sido llamarle, emocionalmente no podía, hablar del tema me producía, bueno aún me produce, una tristeza inmensa que me impedía mediar palabra. Ilusa de mí, pensaba que mágicamente iba a tener la capacidad de hacerlo en algún momento, pero no ha sido así, no puedo ni físicamente, ni por supuesto emocionalmente.

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Esta semana ha llegado el momento del desalojo, como yo no he podido hacerlo, se ha encargado mi marido. El pobre se ha dado un curro impresionante y también unas cuantas sofocaciones. Era imposible guardar el fruto de 28 años de trabajo, ni tampoco tenía sentido, así que muy a mi pesar, he tenido que desprenderme definitivamente de mi pasado y a mi marido le ha tocado destruirlo. Ver cómo la vida laboral de una persona termina de manera abrupta, recordad que yo dejé de trabajar de un día a otro por culpa de un accidente de tráfico que agravó mi pésimo estado de salud, y que todo el esfuerzo, se queda en nada, rompe el corazón a cualquiera. Han sido muchísimas las fotos que me ha enviado para preguntarme que qué hacía, al principio mi respuesta era ambigua, pero llegó un momento en el que fui contundente, “todo para el cubo”.

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En todo el tiempo que estuve de incapacidad temporal sólo visité una vez mi trabajo a los tres meses de empezar con el andador. Me temía en aquel momento que éste iba a formar parte de vida y quería empezar a mostrarme de esta nueva manera, por ver mi reacción emocional. No aguanté más de una hora y media allí, mi enfermedad me impidió estar más, aunque no lo pasé muy mal emocionalmente, no tuve fuerzas para entrar en mi despacho, me hubiera roto el corazón. Dentro de poco hará cuatro años que salí de ese despacho para no volver más, ahí dejé muchos papeles, muchas horas de trabajo, muchas ilusiones, proyectos, etc, que han quedado reducido a cajas y cajas de papel destruido.

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No quiero terminar el post sin valorar que tenía un puesto de trabajo estable, fruto de mi esfuerzo, de muchas noches sin dormir, de fines de semanas sin salir, de vacaciones no disfrutadas y los 3 últimos años trabajando muy enferma, que me ha permitido, que ahora en la adversidad, aún con mi incapacidad para trabajar, pueda seguir haciendo frente a todos los gastos que conlleva vivir, entre ellos pagar una hipoteca, y mantener a dos hijos que aún están en periodo de formación. Sé de muchas personas que lo están pasando muy mal, que están cómo yo, y no les llega a fin de mes. Hilando con mi post anterior, mi incapacidad permanente absoluta contribuye a mi felicidad a pesar de mi dolor crónico.

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22 comentarios en “Incapacidad permanente absoluta. El desalojo

  1. Hola,
    Gracias por escribir este post, porque me ha hecho sentir que no estoy sóla, ni loca. Es increíblemente difícil superar toda esta situación y admiro y mucho a todas las personas fuertes que lo hacen.
    Con respecto al mundo laboral, no me puedo sentir más identificada contigo. No pertenezco a Universidades, trabajaba como profe de francés en Escuela de Idiomas, y después de todo el esfuerzo, años de estudio, de perderme mil salidas, noches sin dormir y mucho amor por el idioma y más aún por la docencia, aprobé unas oposiciones en Andalucía. Mi trabajo era mi vida. Pero de un día a otro, de pronto, todo se rompe. Es indescriptible la sensación que tuve cuando fui a recoger todo mi material al despacho. No podía dejar de llorar. Angustia, miedo, inseguridad, dolor, ansiedad. Creo que no hay palabras. Creía que iba a estar 3 meses sin trabajar y desde septiembre de 2013 no volví más. Y aún a día de hoy, no hay un sólo día que no me acuerde de mi trabajo…
    Además del terreno laboral, también tuve que “superar” una ruptura amorosa después de 18 años. Cuando el dolor entró en mi vida, arrasó con todo lo bueno que tenía en ella, perdí la salud, el trabajo, el amor,….
    Con respecto al dolor, es muy duro. Hay veces que leo tu blog u otro blog de personas con dolor crónico y de verdad, no se cómo lo hacéis. Os admiro mucho. Sé que me martirizo mucho con esto, lo sé, pero hay tantas veces que me siento pequeñita, que veo que la vida se me escapa, pasa, y no soy partícipe de ella. No poder levantarte de la cama o del sofá día tras día hace que te metas en un bucle diario que hace que la vida no tenga significado.
    Gracias por compartir esta entrada!! Cada entrada tuya hace que aprenda algún sentimiento escondido dentro de mí, así que de corazón, GRACIAS !!!

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    1. Gracias a ti por leerlo y comentar.
      La vida es complicada pero con una enfermedad crónica, dolor crónico lo es aún más, todos los planos de la vida de la persona se hacen añicos pues no puede seguir la vida esperada para su edad y condición social, a veces sin nada de calidad de vida, viéndose inmersa en un duelo que va a estar presente siempre, por lo que venirse abajo debe entrar dentro de la normalidad, sólo hay que aprender a poner cojines para que la caída no sea muy fuerte y agarraderas que faciliten levantarse después.

      Yo lo que hago es focalizarme en el hoy y el ahora, sin pensar en el pasado, no lo puedo cambiar, ni en el futuro, no lo puedo predecir aunque me lo puedo imaginar, valorando lo que hago pues sé el esfuerzo que me supone, sí me puedo levantar de la cama bien, sino también. A veces somos injustos con nosotros mismos. Yo siempre digo mucha fuerza y paciencia pues creo que es lo que hace falta, pero es muy duro, durísimo sólo el que vive una situación parecida puede comprenderlo, ya que aunque no calce tus zapatos los suyos también le aprietan. Un gran abrazo 🤗 😘🍏

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  2. Entiendo perfectamente tus sentimientos; tener que dejar un trabajo que te gusta por una enfermedad; la realidad es duro.
    Al menos en casos como el tuyo te han concedido una incapacidad, que aunque sea dolorosa de aceptar porque significa dejar tu trabajo, permite que no tengas que preocuparte por buscar tu sustento.
    Hay otras enfermedades, como la fibromialgia (que es mi caso) que te imposibilita para diferentes trabajos; por ejemplo trabajar en una farmacia. El dolor y las dificultades para caminar te obligan a descartar la posibilidad de trabajar en una farmacia (yo trabajaba en una y tuve que dejarlo).
    A partir de ahí, y dado que esta enfermedad no está considerada como una patología invalidante, no hay posibilidad de que te concedan ningún tipo de compensación económica.
    Y entonces empieza el calvario de buscar trabajos que puedas desarrollar dentro de tus posibilidades, y por supuesto la pesadilla de que te falten esos trabajos, y económicamente estás sin recursos.
    En mi caso, no he solicitado ninguna discapacidad, pues mentalmente no estoy preparada para pasar por todo el proceso de juzgar, desde la enfermedad en sí, hasta tu honestidad personal siendo considerada como una persona simuladora, vaga, y esas lindezas.
    En cualquier caso, aceptar una enfermedad con todas sus consecuencias, no resulta una tarea fácil en absoluto.
    Gracias por compartir tu testimonio.
    Un afectuoso saludo
    Adela-Emilia Gómez

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    1. Aunque se ha avanzado mucho en la aceptación social y sanitaria de que tanto la fibromialgia como el síndrome de fatiga crónico son enfermedades reales, ni se finge, ni se somatiza, aún queda trabajo para que sean reconocidas como enfermedades con derecho al reconocimiento de incapacidad. Deseo de todo corazón que se consiga rápido, como decía en mi post anterior, hay factores externos que pueden contribuir a la felicidad de las personas con dolor crónico, uno de ellos es que te reconozcan la incapacidad.

      Un fuerte abrazo y mucha fuerza 🤗💪❤️💋

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  3. Gracias por este post que describe nuestra realidad tan bien.
    Es duro dejar d un dia para otro tu trabajo y no volver mas.
    A mi tb m pasó pero al menos la incapacidad total absoluta nos ayuda a pagar la hipoteca, medicinas y contribuir a la casa con algo d dinero. La castración es menor. Pq tb se q hay gente q no la tiene por alguna injusticia del sistema y no llega a fin d mes.
    Me imagino como t habrás sentido al ver tu trabajo troceado en cajas para la basura. Comparto tu pena. Pero tu eres la q lo hiciste, la q se esforzó esa sigue ahi. No se la ha llevado el dolor crónico.
    Yo tb luché mucho. Hice la carrera en la UNED, con becas, trabajando cuidando niños, limpiando, dando clases. Pase por muchos trabajos hasta tener el último con cierta estabilidad.
    Cuando m mandaron la carta d incapacidad total absoluta estuve llorando dias. No queria pero la realidad es la q es.
    Enhorabuena por tu post, amiga.
    Mil besos

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    1. Esto es muy duro, sólo las personas que pasan por esto pueden entender el vacío que se siente. Lo malo es que, además de no poder trabajar nuestra calidad de vida no es muy buena, tener dolor crónico, si éste es intenso y diario requiere de mucha fuerza para no tirar la toalla. De eso sabemos las dos mucho. Un abrazo, 🤗😘

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  4. Hola, no hay palabras para el consuelo en estas circunstancias. Yo tengo la absoluta total, por lo que he seguido trabajando 12h semanales con Intérprete de Lengua de Signos en un colegio de primaria. Pero aún así se me está haciendo muy difícil hacerlo. Soy enferma de Miopatía Mitocondrial, una enfermedad rara, que lo que más da es fatiga y cansancio, junto con dolor muscular. Este año me ha sido muy difícil con este contrato que estoy realizando, y que yo pensaba que podía defender. Estoy pensando en una nueva valoración y que me den la absoluta, porque con la total no me llega para vivir, ya que siempre he trabajado de media jornada. Mucho ánimo y que ahora encuentres nuevas cosas que suplan ese vacío que ahora sientes. Un gran abrazo.
    Dory

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      1. Muchas gracias. Llevo con esta enfermedad 30 años, y ya he pasado muchos calvarios en mi vida, sin saber diagnóstico cierto 20 años, se conejillo de indias a todas las dificultades laborales, familiares y emocionales. Creo que uno más (y es triste decirlo) no me va a romper más de lo que hasta entonces he sufrido. Porque somos todas y todos los que sufren enfermedades invalidante, sufridores de la vida. Muchasss gracias por tu respuesta y tú ánimo. 🤗🤗🤗🤗

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  5. Acabo de terminar de leer tu entrada Verónica. Ya sabes que nos unen muchas cosas, el amor por la docencia y el padecer un dolor a diario. Como dices el desalojo es muy duro. Yo lo hice en caliente, cuando estaba en alegaciones pero sabía que no iba a lograr nada. Cada día que estuve deshaciendo lo que con tanto cariño y esfuerzo había ido construyendo volvía derrotada a casa. Lo hice sin testigos cuando sabía que no estaban compañeros, que no quisieron o no comprendieron mi enfado final, pues una aptitud diferente igual habría dilatado en mi caso la incapacidad total. A mi la inspección no me dio treguas y la univerdidad opciones de adaptación prometidas. Romper cada papel era romperme por dentro, llorar sin que me vieran y marcharme rápido porque era tal el dolor que aún hoy siento por la pérdid, que di me preguntan mis lágrimas brotan sin querer. Yo no he vuelto ni creo que lo haga, mi psicoterapeuta me recomendó que tratara de ir cerrando esa herida. Cómo cerrar 25 años de un trabajo amado y de ellos 22 con el dolor de compañía. Siempre lo vi como mi particular válvula de escape. Pero Verónica tanto tú como yo seremos siempre profesoras eso no se pierde. Tu entrada me ha tocado porque nos unen muchas cosas. Te mando un beso porque como yo digo el ánimo no se vende en las tiendas ni en ningún sitio. Un abrazo virtual.

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    1. La verdad es que coincidimos en tanto. A las dos el dolor nos ha ido quitando con el paso de los años muchas cosas, pero las dos también tenemos esa capacidad de lucha y sacrificio que se aprende en nuestra profesión, en la que todo lo que se consigue cuesta mucho. Ahora estamos igual que en nuestra vida laboral, en la que hemos cambiado laboral por con dolor insoportable, como a ti te pasa, no me gusta, no quiero, pero sé que es lo que hay y con eso hay que seguir. Tenerte a ti, a María a Jeffrey, a Marta, a Rosa, a Noemí, en fin a todos #pacientesquecuenta es una gran ayuda en este camino que el dolor me hace recorrer. Todo mi cariño y muchas gracias por estar ahí. ❤️💋

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  6. Yo también llevo un neuroestimulador. Lamento que no te alivie el dolor, a mi tampoco. Me pregunto por qué hay más casos en los que no nos funciona que en los que sí. Aunque depende del estado del paciente y demás, mi médico dice que tengo la enfermedad muy cronificada…
    Lo llevas desde hace mucho tiempo?
    Otro saludo 😉, y te mando más fuerza!
    Gracias por compartir!

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    1. Yo llevo poco con él, pero en mi caso no noté un cambio del dolor exagerado nunca. Mi dolor tiene una componente mecánica muy fuerte, por lo que aunque el neuroestimulador me alivie algo, el dolor que me genera moverme, cosa a la que me obligo para no perder musculatura y fondo, como ya me pasó, hace que siga en el bucle del dolor. Al final creo que lo único que podemos hacer es trabajar nuestra tolerancia al dolor, pero es frustrante, no ver salida por mucho que lo des todo.
      No he hecho una estadística pero mi sensación es similar a la tuya. Aquí puede pasar lo mismo que con la cirugía de espalda, que el fracaso está entre el 20% y 30%, peor por la gente que participa en RRSS parece que a todo el mundo le va mal, con el neuroestimulador puede pasar algo similar.

      Muchas gracias por comentar 😘

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  7. Hola Verónica!
    Me ha emocionado mucho este post. Lamento tu situación, tiene que ser muy duro. Puedo comprenderla un poco. Me gusta, como buen dices, que pese al dolor emocional, la absoluta te permite con cierta tranquilidad, por los gastos médicos que conlleva vivir con una enfermedad y dolor crónico.
    Me pareces muy valiente, te mando mucha fuerza.
    Y decirte que me gusto mucho tu entrada anterior sobre la felicidad y el dolor crónico.
    Un saludo, Pandora_Mr

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  8. Siento muchísimo como te sientes Veronica, y más sabiendo lo fuerte que eres emocionalmente
    Yo pasé por todo lo que tú escribes y se lo mal que se pasa . Describes una situación y unos sentimientos prácticamente idénticos a lo que yo pase
    Lo único que puedo decirte y que tú también comentas, es que esa incapacidad permanente absoluta nos permite seguir viviendo y costeando tratamientos a los que otros no pueden hacer frente
    Siento también mucho , que al igual que a mí, tampoco te sirva el neuro. Como sabes, a mí ni siquiera llegaron a la implantación definitiva
    Para mí, ese fue el momento y la situación , quiza más durra emocionalmente porque en el puse todas mis esperanzas
    Deseo de corazón, que pronto superes esta situación dura en nuestro camino del dolor
    Saldrás adelante porque eres muy fuerte
    Un gran abrazo
    M. Ángeles

    Enviado desde mi iPhone

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    1. ¡Qué alegría me da que me hayas escrito! Sé que lo estás pasando muy mal, así que te agradezco mucho el esfuerzo que has hecho.
      Desprenderse del pasado forma parte del duelo al que el dolor crónico nos somete.
      Espero verte pronto de nuevo por el grupo, señal de que ya has pasado esta crisis. Mucho cariño, Ángeles ❤️💋

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